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Como degustar una cerveza

A la hora de saborear una cerveza entran en juego muchos elementos y matices. Si bien el Diseño de la Receta, la propia Elaboración de la cerveza, el Envasado o la Conservación son hitos y/o factores importantes que influyen de forma significativa en el sabor de la cerveza; la forma en que es servida y presentada trasciende en su gusto y redunda en el disfrute final. Es por esto, que existen ciertas Normas Generales, que varían en función del estilo de cerveza que se va a beber, en cuanto a la manera en que debe servirse una “buena” cerveza.

Cada tipo de cerveza se sirve a una adecuada TEMPERATURA, en una INCLINACIÓN determinada, con una “corona” (de ESPUMA) de calidad, respetando los TIEMPOS necesarios y sin olvidar la ELECCIÓN DEL VASO apropiado para cada estilo –siempre de cristal para no alterar el sabor y poder ver el color-, siendo la limpieza una máxima de obligado cumplimiento.  El óptimo disfrute de cada estilo de cerveza requiere de unas condiciones distintas, y así por ejemplo, en botella no se sirve del mismo modo una cerveza de Abadía, que una Pilsner, que una Weizenbier, o que una Stout. Y desde un tirador, tampoco de “tira” del mismo modo una caña, que una pinta, que una copa, o que una jarra de cerveza. Además el control de la temperatura es fundamental, y así por ejemplo una cerveza de alta graduación o las cervezas más densas deben servirse a temperatura de bodega (no inferiores a 12⁰C), mientras que el resto pueden servirse por lo general más frías.

Copas Cerveza

TEMPERATURA

TIRADO DE CERVEZA

ESPUMA

TIEMPOS

ELECCIÓN DE VASO

La Temperatura “ideal” es uno de los aspectos principales a tener en cuenta para degustar una cerveza con todas sus garantías. Existe diversidad de criterios a este respecto, sin embargo como norma general se servirán las ale (de fermentación alta) entre 12⁰C y 14 ⁰C (incluso hasta los 16⁰C), y las lager (de fermentación baja) entre 6⁰C y 9 ⁰C; si bien la temperatura a la que se sirve la cerveza se ve también afectada por la temperatura ambiente del lugar de la degustación. Otra consideración general sobre la temperatura es que nunca una cerveza debe servirse demasiado fría. Lo ideal para disfrutar de una cerveza es tomarla fría, pero nunca en exceso, puesto que se ocultarían determinados aromas y sabores que quedan enmascarados por el frio, perdiendo la posibilidad de apreciar cada uno de los detalles de su sabor (en la degustación de una cerveza, también se trata de “mirar” con el olfato). El vaso de cerveza no debe nunca utilizarse congelado o escarchado puesto que ese exceso de frio dificulta la formación de la espuma, impide ver el líquido y en el caso de las cervezas más oscuras impide apreciar todos sus matices gustativos. Únicamente en el caso de que el vaso esté demasiado caliente, es conveniente refrescarlo con agua fría en el momento antes de servir la cerveza.

En cuanto al tirado de la cerveza, existen diferentes “escuelas”. La Inclinación del vaso, al igual que ocurre con la temperatura de servido, dependerá del estilo de cerveza que se esté sirviendo. Así, a modo de ejemplo, las Weissbier (cervezas de trigo) requieren una mayor inclinación del vaso para que se retenga la formación de espuma y se frene la lo más posible la profusión de la “corona” espumosa. En el caso de una Golden Ale el vaso se inclina entre 45⁰ y 50⁰ al principio para terminar recuperando la posición vertical coincidiendo con el llenado final; mientras que para servir una Stout la inclinación debe ser muy leve, permaneciendo el vaso prácticamente en posición vertical.

La Espuma de la cerveza (también denominada “cabeza” o “corona”) se forma por la acumulación de las burbujas de dióxido de carbono al momento de servirse. Estas burbujas tienen una doble función; por un lado impedir que la cerveza de oxigene en exceso (retrasando al oxidación) y que pierda demasiado gas, y por otro retener y liberar con un cierto orden los aromas intrínsecos de la cerveza. La inmensa mayoría de las cervezas se deben servir con un espesor de la cabeza de espuma de, al menos, dos centímetros (que en el caso de las cervezas de trigo puede llegar hasta los cinco centímetros); lo que posteriormente nos permitirá observar si tras el consumo de la bebida la espuma va dejando rastro “encaje” (o lacing) en las paredes del vaso, lo que sería un indicio de una cerveza de calidad.

Servir una “buena” cerveza requiere tomarse el tiempo necesario para ello. Los barman más puristas defienden que, según el estilo de la cerveza que se esté sirviendo la “tirada” debe constar de uno o más Tiempos; y así por ejemplo, una “buena” pilsner se debe servir en tres tiempos: 1º) Inclinación del vaso en torno a los 45⁰ y llenado hasta aproximadamente la mitad del vaso (elevando la botella, en el caso de ser este el envase). 2º) Inclinar progresivamente el vaso hasta aproximadamente los 75⁰ u 80⁰, mientras se continua llenado hasta que la espuma alcance el borde. 3º) Posicionando el vaso en vertical (hasta los 90⁰) terminar el llenado hasta que la espuma rebose ligeramente y sin que gotee. En todo caso el servido debe hacerse de forma decidida, evitando dar golpes y no excesivamente rápido. La cerveza debe fluir delicadamente por la pared del vaso sin salpicar y formando espuma.

En el caso de los bebedores más expertos, la Elección del vaso adecuado es de gran importancia. Beber la cerveza directamente desde la botella, sería renunciar casi en su totalidad a captar mediante el olfato la complejidad de aromas que contiene cada cerveza, ocultar completamente el color, la textura y la densidad de la corona de espuma, así como el propio aspecto y color de la cerveza, perjudicando así la degustación. Existen diferentes tipos de vasos (copas o jarras) en los que servir la cerveza, dependiendo de cada estilo de elaboración, que ayudarán significativamente a realzar las propiedades organolépticas de la bebida. No en vano, prácticamente cada fábrica de cerveza diseña con sumo cuidado su propio vaso recomendado específicamente para cada una de sus cervezas. Así los vasos con forma de cáliz, con gran abertura, anchos y con poco fondo, son adecuados para las cervezas espesas e intensas en sabores y aromas (las bock y las doppelbock alemanas, o las Ale de Abadía y Trapenses belgas). Los vasos con forma de globo son más apropiados para las cervezas inglesas o belgas más fuertes. Las biére de garde, las fruit-Lambic o las faro se sirven en vasos con de tulipa o forma de flauta (copa “Flute” alargada y estrecha, similar a la copa de champagne). El vaso Weizen es el apropiado para las cervezas de trigo, así como lo es el Pilsner glass para las Pilsen. Las jarras son perfectas para las cervezas refrescantes y suaves, ya que el asa impide que el calor de la mano se transmita a la bebida. El estilo Viena se sirve en jarras altas, mientras que las Pintas son reservadas para las cervezas fuertes y más oscuras como las Stout o las Porter, también servidas en copas con forma de globo.